La Paz como ciencia. La Paz-ciencia

La ciencia de la paz

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Por Maitri Asana Life Coach (Psi. Miguel Rico)


Namaste. La paciencia es una cualidad absolutamente deseable para vivir en armonía. Ser paciente en ningún caso es ser lento o torpe, por el contrario, se trata de dedicarle nuestra atención a lo que estamos haciendo, para que los resultados sean buenos.

La paciencia es esa capacidad de los humanos de mantenerse en un estado de calma aún frente a situaciones tensas y complejas. También podemos relacionarla con tolerancia, estabilidad, equilibrio, pero por sobre todo, es no dejarse llevar por los impulsos y los deseos más inmediatos.

Si bien es una cualidad deseable, que deberíamos cultivar todos, hay personas que de manera natural mantienen esa actitud frente a la vida. Con ello se evitan muchos resultados no deseados como la ira y el estrés, que al final del día nos hacen tener una sensación de pesadez en contra de nosotros mismos, por no haber controlado y actuado con mayor mesura ante una situación dada.

Si pudiéramos observar la enorme cantidad de energía que perdemos cuando actuamos por impulsos y fuera de control, nos asombraríamos de nosotros mismos. Lo cierto es que la virtud de la paciencia no se valora en nuestra sociedad moderna, donde todo lo que signifique velocidad e inmediatez parece ser la máxima más buscada en todo orden de cosas.

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La paciencia es también terreno fértil para desarrollar la sabiduría. Si observamos a nuestro alrededor, son las personas mayores y aquellos que practican alguna técnica oriental (meditación, por ejemplo) quienes nos parecen ser los más pacientes, cuando en verdad debiéramos desarrollarla todos. Estas personas son más sensatas al tomar sus decisiones porque han ponderado cada cosa con atención y sus posibles resultados, ya que quien va de prisa todo el tiempo, lo más probable es que cometa más errores, con sus respectivas consecuencias.

Al enfrentar con paciencia cualquier situación, vamos a tener una sensación de paz, bienestar y equilibrio increíble porque estamos actuando en comunión con los otros y con nosotros mismos.

¿Y cómo vamos a lograr esto? Simplemente observándonos. Reconocer qué es lo que nos perturba, qué nos altera, qué o quiénes nos hacen perder la calma interior, y ejercitar diariamente hasta lograr el pleno control de nosotros mismos. No hay receta mágica en esto, debemos aplicarnos y ver a los demás como una prolongación nuestra, ponernos en su lugar. En principio nos va a costar, pero los beneficios serán incalculables. La paz interior es la mejor recompensa si desarrollamos la virtud de la paciencia.

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